La inestabilidad geopolítica y la regulación de la UE impulsan el mercado, con los nuevos combustibles para aviones y barcos como motores del sector
El presente 2026 no se contempla en el sector del hidrógeno renovable como otro año de promesas. La combinación de tensión geopolítica, presión regulatoria europea y necesidad de autonomía energética acelera una industria que empieza a mostrar señales de consolidación industrial y de mercado. Las crisis internacionales —desde la guerra en Ucrania hasta la tensión en Oriente Medio, con el estrecho de Ormuz como punto de riesgo para el suministro energético global— han vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad europea frente al gas y el petróleo importados y refuerzan la idea de que el hidrógeno verde no es solo una herramienta de descarbonización, sino también una palanca de soberanía energética y de estabilidad de precios. Y España parte de una posición especialmente favorable para liderar este desarrollo en Europa.
Como explica Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), “tenemos una oportunidad única por nuestro elevado potencial de generación renovable; una ubicación estratégica como punto de entrada de energía procedente de África y América; una base industrial capaz de fabricar componentes clave y un ecosistema de investigación avanzado”. “Además, añade, del desarrollo de redes de transporte y almacenamiento que permitirán integrar el hidrógeno en el sistema energético y facilitar su exportación a otros países”.
